Rehidratación y tratamiento inicial


La solución de reanimación utilizada en Galveston para los pacientes pediátricos es una solución isotónica que contiene glucosa, a la cual se añade una cantidad moderada de coloides (albúmina sérica humana). La solución se prepara mezclando 50 mL de albúmina sérica humana al 25% (12,5 g) con 950 mL en una solución de LR. La monitorización de la reanimación en el shock por quemaduras comienza cuando llegan los primeros profesionales al escenario y normalmente concluye cuando las necesidades de líquido del paciente han disminuido hasta la velocidad de mantenimiento, basada en el tamaño del cuerpo y en el perspiratorio insensible. Entre los factores que influyen en la monitorización se tienen que incluir la extensión y profundidad de la quemadura, la presencia de una lesión por inhalación, las lesiones asociadas, enfermedades médicas preexistentes y la edad del paciente. El proceso de monitorización se puede clasificar según la intensidad y la frecuencia de las observaciones, así como los métodos empleados. Si bien el nivel de monitorización se debe personalizar en cada paciente, se deben sopesar los riesgos y beneficios de cada modalidad. Los pacientes jóvenes y sanos con quemaduras leves pueden requerir sólo la valoración periódica ocasional de las constantes vitales, mientras que los que tienen quemaduras más extensas u otros factores de riesgo pueden requerir técnicas más invasivas. En una encuesta reciente de 251 unidades de quemados de EE. UU., Canadá, Reino Unido, Australia y Nueva Zelanda se demostró que sólo el 12% de ellos usaba con frecuencia la monitorización con un catéter en la arteria pulmonar (CAP) durante la rehidratación en los pacientes con 30% de la SC quemada56. Además, sólo el 60% del personal que acudía en respuesta al accidente y que abordaba los objetivos del tratamiento después de la inserción del CAP indicó que utilizaba los parámetros fisiológicos predeterminados para dirigir la fluidoterapia. La monitorización clínica de la reanimación en el shock por quemaduras se ha basado tradicionalmente en la valoración clí- nica de los parámetros cardiovasculares, renales y bioquímicos como indicadores de la perfusión de órganos vitales. La frecuencia cardíaca, la presión arterial y los registros electrocardiográ- ficos son las principales modalidades de monitorización del estado cardiovascular de cualquier paciente. El balance de líquidos durante la reanimación en el shock por quemaduras se vigila habitualmente midiendo la diuresis horaria mediante un sondaje uretral permanente. Se ha recomendado mantener la diuresis entre 30 y 50 mL/h en adultos22 y entre 0,5 y 1 mL/kg/h en los pacientes que pesan menos de 30 kg26. Sin embargo, no hay estudios clínicos en los que se haya identificado la diuresis horaria óptima para mantener la perfusión de órganos vitales durante la reanimación en el shock por quemaduras. Dado que se administran grandes volúmenes de líquidos y electrólitos tanto inicialmente como a lo largo de la reanimación, es importante realizar análisis basales con hemograma, electró- litos, glucosa, albúmina y equilibrio acidobásico57. Los valores analíticos se deben repetir según indique la clínica durante el período de reanimación. Estos parámetros suelen ser suficientes para evaluar la respuesta fisiológica de la mayoría de los pacientes quemados durante la reanimación en el shock por quemaduras.